LÍMITES: ¿ENTRE LA DISCIPLINA Y EL AMOR?

En muchas ocasiones la palabra límite está asociada con aspectos negativos y esto influye de manera significativa en el estilo de crianza desarrollado por los padres. En la evolución histórica de los modelos de crianza se ha pasado por extremos más rígidos o autoritarios y en otros casos por estilos más permisivos, sin embargo, es en el equilibro entre ellos donde podemos encontrar una vía más saludable para el desarrollo de niños y adolescentes, es decir tener un costado más empático y comprensivo con los chicos, entendiendo que ellos tienen sus propias ideas, deseos y sentimientos; mientras que se sostiene una estructura de límites. Un primer punto en este sentido es tener claridad y acuerdo (entre cuidadores) en torno a cuáles son los límites y normas que organizan el funcionamiento familiar.

Los límites y normas deben ser pensados y acordados por adultos en momentos previos, es decir no es conveniente discutir lo que vamos a permitir o no delante del niño, será importante ser consistentes con lo que pedimos y no cambiar las normas en función de cada situación o del adulto a cargo. Asimismo es probable que tengamos que ir revisando los permisos a medida que los niños van creciendo, teniendo en cuenta sus necesidades y posibilidades de desarrollo. 

Sin embargo, en ocasiones, lo que cuesta está vinculado con el método utilizado para poner límites, muchos padres se sienten cansados de una secuencia que se presenta en casa, en la cual las normas son repetidas una y mil veces sin obtener respuestas. En este caso, es importante tener en cuenta además la edad del niño al momento de establecer las normas, por ejemplo los niños menores de 5 años probablemente no puedan detenerse a pensar antes de actuar, por lo tanto en ese caso es el adulto quien debe poner el límite y asegurarse que lo cumpla, anticipando si es necesario lo que esperamos y ayudando a que eso se presente de esa manera modificando en ocasiones el contexto o ambiente de desarrollo del niño;  es decir nos encargamos de organizar y guiar la conducta, le digo que eso no se toca y lo sacó de su alcance, o le señaló que es hora de guardar los juguetes y le ayudo a hacerlo. En este punto es importante considerar la importancia del modelado para instaurar conductas que queremos que los niños desarrollen, es decir, podemos enseñar a través del ejemplo, mostrando cómo se debe hacer. 

Es probable que en estas ocasiones surjan berrinches, en ese caso en cuando debemos apelar a la comprensión y empatía (reconocer y validar esa emoción) esto se puede hacer a través de la palabra o con acciones.  Además será importante nombrar lo que pasa, “prestarle palabra” para que ese niño pueda empezar a identificar qué le está pasando y poder contextualizar ese enojo sin responder nosotros con más enojo, entendiendo al fin de cuentas que eso es la expresión de un deseo o necesidad, habilitar la emoción desencadenada pero sostener el límite con firmeza. Por ejemplo “que bronca tener que ir a bañarse con lo divertido que estaba ese juego, ¿Qué te parece si te acompaño y cuando termines jugamos un rato juntos?” Es probable que en estos momentos predominen las emociones relacionadas con el enojo o la angustia, y es aquí donde el adulto puede sostener amorosamente y con calma el límite acompañando las emociones que desencadena; en palabras de Maritchu Seitún  “Para ser buenos padres hay que tolerar, en ocasiones, ser vistos como “malos” por los niños”, sin embargo el uso de la fuerza física o agresión verbal nunca será un recurso válido para la puesta de límites. 

En resumen:

  1. Establecer la pauta
  2. Asegurarse que la cumpla, acompañando el desarrollo de la conducta.
  3. Validar la emoción que genera sin juzgarla ni responder a la misma.  

Fuentes:

  • Criar hijos confiados, motivados y seguros. Hacia una parentalidad responsable y feliz. Maritchu Seitún (2011).
  • Guías para la disciplina positiva Extraído del libro Disciplina Positiva de Jane Nelsen.
  • Disciplina Positiva Guía de los educadores para acompañar a los niños a obtener autocontrol y desarrollar habilidades sociales basadas en el amor y el respeto mutuo. EE-MN-06-V.001 – 27 de agosto de 2015 en la experiencia educativa aeioTU.

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