Semana Mundial de la Ancianidad

Según ONU, entre 2019 y 2030, se prevé que el número de personas de 60 años o más aumentará en un 38%, de mil millones a 1,4 mil millones, superando en número a la juventud a nivel mundial. Este crecimiento de la ancianidad será especialmente mayor y más rápido en las regiones en vías de desarrollo, y requiere que se preste mayor atención a los desafíos específicos que afectan a las personas mayores.

Este progresivo envejecimiento de la población, surge así como una de las principales características de nuestra sociedad actual. El envejecimiento es un proceso que produce cambios a nivel biológico, psicológico y social.

La depresión y ansiedad son cuadros clínicos que frecuentemente se observan en esta etapa, presentando características particulares. En el caso de depresión se observan mayor presencia de síntomas somáticos, soledad, sensación de inutilidad, inactividad, entre otras manifestaciones. En la ansiedad se observan al igual que en la depresión, mayores quejas somáticas, presencia de angustia, preocupaciones ante “problemas cotidianos”, etc.

En este sentido, la vejez esta muchas veces asociada a la enfermedad y decrepitud como el único modo de atravesar esta etapa en la vida. Sin embargo, no son la única posibilidad.

En la semana de la ancianidad desde el programa de depresión y ansiedad queremos destacar la importancia de cultivar aquellos factores protectores que acompañan el logro de una vejez plena y digna.

Siguiendo los aportes de Cristina Vega en su artículo “La sabiduría en la vejez” destacamos los factores protectores que creemos fundamentales desarrollar en esta etapa:

  • Poder cuestionar prejuicios propios y ajenos acerca del significado de la vejez en el contexto actual.
  • Asumir la responsabilidad del autocuidado en la salud y la enfermedad manteniéndose por el mayor tiempo posible, autoválido.
  • Capacidad de adaptación a las limitaciones físicas y/o intelectuales.
  • Poseer un proyecto diario que organice una rutina a seguir.
  • Tener buena disposición para los cambios.
  • Acceder a soñar, fantasear, imaginar, jugar, desear y reírse de sí mismo.
  • Aceptar el uso de elementos protéticos.
  • Compensar pérdidas con ganancias.
  • Desarrollar diálogo entre lo interno y la imagen exterior.
  • Asentar la autoestima en el presente, no en el pasado, incorporando imágenes nuevas de sí.

El acompañamiento desde el seno familiar, espacios de psicoterapia, o distintas relaciones interpersonales son en esta etapa fundamentales para promover el bienestar de las personas mayores  y así favorecer el logro de una vejez plena y digna.

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